Viernes de preliminares y se nota en el Gran Teatro de Huelva, que por primera vez en lo que va de concurso cuelga el cartel de no hay billetes. Ambiente de gala y un público con ganas de disfrutar desde el primer minuto.
Abrió la noche la comparsa bollullera del Bandeja, “La Gillotina”, ya habitual en estas tablas y siempre arropada por el cariño de Huelva. Presentaron un tipo muy cuidado, con una puesta en escena de corte clásico y un aire napoleónico-carnavalero que llamó la atención desde su aparición. La comparsa, fiel a su estilo metafórico, llegó dispuesta a no dejar cabeza en pie entre nuestros dirigentes.
Destacaron con una presentación y una ronda de pasodobles muy bien defendidos: uno al tipo y otro dedicado a la tragedia ferroviaria, con ese chico convertido en héroe sin pretenderlo. El repertorio mantuvo un tono serio y comprometido, con un montaje de voces poderoso que culminó en un popurrí crítico con la Sanidad, las guerras, el Gobierno, sus escándalos y otros asuntos de actualidad. Bollullos empieza a ser aquella gran comparsa de tiempos pasados.

Los pregoneros del Carnaval 2026 y su murga no faltaron a su ya tradicional pasacalles, y “Los Fatiguitas” volvieron a llenar la Bombonera de puro “huelvanismo”, auténticos fatigas de Huelva. Presentaron un pasodoble original y muy bien ajustado al tipo, pero enfocado desde la visión hipócrita del onubense; el segundo, dedicado al cribado. En los cuplés, lo más destacado fue el estribillo, rematado con un golpe final distinto en cada uno. El popurrí resultó simpático, menos acuartetado que en otras ocasiones y, al igual que la comparsa anterior, no dejó cabeza sin cortar.

Joven comparsa valverdeña que repite en el concurso con “El moderno”, un tipo de anticuarios que huyen de las modas pasajeras. Presentaron pasodobles más emotivos que bien interpretados, dedicados a personajes del carnaval de antaño y a la memoria histórica frente al fascismo. Los cuplés, muy propios de comparsa, cumplieron con el trámite, y el popurrí siguió la misma línea que el resto de la actuación, un mensaje interesante que, sin embargo, se diluye en el montaje de voces.

El sorteo nos trasladó de una población carnavalera a otra que no lo es menos: Punta Umbría, con la chirigota del Corteza, “El que mal anda, mal acaba”, convertidos en peregrinos de los caminos del Rocío. Con el soniquete tan característico de las murgas puntaumbrieñas, ofrecieron un repertorio en el que destacó un pasodoble dedicado a las víctimas del accidente ferroviario y dos buenos cuplés al metacarnaval: los kilos de Miguelón y los pregoneros, ambos muy simpáticos. Remataron con un popurrí que exprimió el personaje al máximo. Salto de calidad este año para esta chirigota.
“Los señalaos” es el tipo por el que este año ha apostado la comparsa llegada desde Alcalá: esas personas que, por no callarse, se convierten en diana de todas las críticas. Presentaron un repertorio muy crítico, cargado de denuncias sociales, defendido con voces potentes y un corte clásico. Destacaron los pasodobles, uno en defensa de la infancia y otro contra la emigración forzada por el auge del fascismo, cumpliendo con la premisa de venir a decir cosas. Los cuplés no pasarán a la historia del concurso pero dan paso a un popurrí que vuelve a sacar la parte más combativa del grupo, cantando a la sanidad, la corrupción política y los problemas de la vivienda. Buen pase.

Desveladas estas “Mari Cuñis”, la murga de David Bernal, con tipo de esteticienes. Pasodobles con doble corte pasando del humor a la crítica, al propio tipo y las críticas recibidas el año pasado por sus letras. Mejores las cupletinas, casi todas a personajes locales de la política y el carnaval. Popurrí en el que nos trasladan todas las desavenencias que ocurren en su gabinete para finalizar un repertorio al que le echo en falta un poco más de crítica y temas sociales.

